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Gestión de conflictos: cómo transformar las fricciones en valor
En cualquier equipo existen fricciones. Podemos decir que en cualquier relación aparecen, cualquiera que sea su naturaleza.
Un comentario que genera malestar. Una decisión que no se entiende. Un departamento que siente que el otro no escucha. Una reunión que siempre termina de la misma manera. Una tarea que nadie quiere asumir. Un cambio que genera resistencia.
Muchas organizaciones intentan eliminar estas situaciones. O, al menos, evitar que se hagan visibles.
Pero ¿y si el problema no fuera la existencia de la fricción?
¿Y si la clave estuviera en aprender a convertirla en valor?
Las fricciones forman parte de cualquier equipo humano. La diferencia está en cómo se gestionan.
Cuando se ignoran, pueden convertirse en conflictos, desconfianza o desmotivación. Cuando se abordan de manera consciente, pueden convertirse en aprendizaje, innovación y mejora de las relaciones.
Esta es precisamente la idea que está detrás de una de las dinámicas de team building gastronómico de Mariscooking: La ostra y la perla.
Naturalizar la fricción: no tienen por qué ser un problema
Una fricción es ese pequeño elemento que altera el funcionamiento habitual de un equipo. Puede ser una diferencia de opiniones, una expectativa que no se cumple, una forma diferente de trabajar o incluso una conversación que estamos evitando.
Y aquí aparece una idea interesante:
Es importante naturalizar las fricciones, entender el motivo por el que se producen y trabajar sobre ellas para que nos ayuden a mejorar.
En cualquier interacción humana es normal que se produzcan. Un ejemplo es la manera de llamar la atención de muchos niños, que es a través de la generación de una situación incómoda para el adulto. ¿Por qué lo hacen? Tienen una causa, que es llamar nuestra atención, y cuando aprendemos a manejarlo la situación mejora.
Yo siempre cuento que uno de mis mejores amigos en la actualidad es con el que siempre me estaba "peleando" en el colegio. Él buscaba el conflicto conmigo y como era más rápido que yo al final podríamos decir que era una forma de jugar al pilla-pilla. A raíz de una fricción se generaba un juego y ello se convirtió en una amistad inquebrantable. Este proceso es que hemos replicado en nuestra dinámica de gestión de conflictos llamada "La ostra y la perla".
La cuestión no es eliminar todas las fricciones, sino aprender a utilizarlas como materia prima para mejorar.
Como sabéis, en Mariscooking utilizamos metáforas de la vida marina a la hora de construir nuestras dinámicas de team building.
Nos aprovechamos de la magia de la naturaleza, de la riqueza del mar, para ayudarnos a trabajar las competencias blandas en los equipos.
Para el caso que nos ocupa en este artículo, la naturaleza nos ofrece un ejemplo perfecto, el de la ostra y la perla.
¿Cómo nace una perla? Cuando una partícula de arena u otro elemento extraño entra en una ostra, esta responde generando capas de nácar alrededor del elemento que la incomoda.
Con el tiempo, aquello que inicialmente era una molestia acaba convirtiéndose valor: una perla.
La metáfora es poderosa porque nos permite trasladar un proceso natural al funcionamiento de los equipos: una incomodidad puede convertirse en una oportunidad de aprendizaje.
No significa que todos los problemas vayan a convertirse mágicamente en oportunidades. Significa que un equipo puede desarrollar la capacidad de observar aquello que le genera tensión, entender qué está ocurriendo y decidir qué hacer con ello.
Ahí es donde comienza el verdadero trabajo de las competencias blandas.
Si quieres conocer cómo podemos adaptar esta dinámica a tu equipo, solicita información sobre La ostra y la perla y cuéntanos qué reto quieres trabajar.
De la incomodidad al aprendizaje
En un equipo, una fricción puede seguir diferentes caminos.
- Ignorarse
- Convertirse en una discusión
- Generar culpables
- Acumularse hasta convertirse en un conflicto mayor
Pero también puede abordarse desde una perspectiva diferente:
¿Qué nos está intentando decir esta fricción?
Esta pregunta cambia completamente la conversación.
- En lugar de buscar quién tiene la culpa, buscamos entender qué está ocurriendo.
- En lugar de defender nuestra posición, intentamos comprender la perspectiva de los demás.
- En lugar de evitar una conversación incómoda, generamos un espacio seguro para mantenerla.
- Y en lugar de quedarnos en el problema, buscamos una respuesta colectiva.
Ese proceso permite trabajar competencias blandas (conocidas como soft-skills) como la resolución de conflictos, la comunicación, la adaptabilidad, la colaboración y la capacidad para construir relaciones dentro del equipo.
- Una fricción entre departamentos puede revelar un problema de coordinación.
- Una discusión sobre prioridades puede mostrar que no existen criterios suficientemente claros.
- Una resistencia a un cambio puede indicar que el equipo necesita más información o participación.
Existe una relación directa entre fricción e innovación.
Innovar significa, en muchas ocasiones, cuestionar la manera en la que hacemos las cosas. Y cuestionar genera necesariamente cierta incomodidad.
Cuando alguien pregunta por qué seguimos haciendo algo de una determinada manera, está introduciendo una pequeña fricción.
Cuando alguien propone una alternativa, puede generar resistencia.
Cuando un equipo experimenta con una nueva forma de trabajar, aparecen errores y tensiones.
La cuestión vuelve a ser la misma:
¿Utilizamos esa fricción para mejorar o intentamos eliminarla rápidamente?
Los equipos con capacidad de aprendizaje no son aquellos en los que nunca existen discrepancias.
Son aquellos capaces de mantener conversaciones constructivas cuando aparecen.
¿Qué metodología utiliza Mariscooking?
Mariscooking utiliza metáforas marinas para trabajar las competencias transversales en un contexto relajado y participativo.
Además de la propia experiencia, ofrecemos a las organizaciones una base sobre la que poder desarrollar estas competencias y tomar decisiones.



